Techos para comunidades vulnerables

Al cumplirse el primer año del huracán María, cientos y cientos de hogares en Puerto Rico todavía tienen los techos de plástico azul. La mayor parte de estos hogares se encuentran en las comunidades más pobres de Puerto Rico y a muchos le han denegado la ayuda federal una y otra vez para reconstruir sus hogares o han recibido cantidades reducidas que no dan para arreglar y mucho menos para construir una vivienda nueva.

“Es por eso que, en la medida que quedó claro que muchas familias no recibirían la asistencia necesaria para reparar o reconstruir hogares que habían recibido severos daños en los huracanes Irma y, particularmente, María, nos enfocamos en propuestas para reconstruir o construir viviendas”, dijo Mariely Rivera, directora ejecutiva de Unidos por Puerto Rico.

La situación de vivienda movió a organizaciones que por años habían provisto otros servicios comunitarios como educación, servicios sociales o actuado como agentes de cambio adentrarse en el desarrollo o reparación de viviendas para atender a miembros de la comunidad que perdieron gran parte de sus pertenencias, entre ellas sus casas.  Este es el caso de tres organizaciones, COASI en Vega Alta, Sol es Vida que fue respaldado por Mentes Puertorriqueñas en Acción en Toa Baja y el Centro María Mazzarello Alespi, Inc. en Orocovis.

El Centro de Orientación y Acción Social, Inc.  (COASI) se fundó en 1994 como una organización sin fines de lucro de base religiosa vinculada a la Iglesia Discípulos de Cristo.  Desde entonces ha provisto servicios sociales a las comunidades circundantes en Vega Alta y Vega Baja.

Cuando el huracán María arrasó la comunidad dejando a muchos con daños en los techos o sin techo en el sector Bajura Marina sector de Vega Alta, Vanessa Burgos, directora ejecutiva de COASI, se dio cuenta que no podían darle la espalda a las familias que habían perdido tanto.

“Bajura Marina se encuentra en un área rural, de bajos ingresos y está aislada” de servicios básicos, según explicó. Vanessa añadió que al ver las necesidades decidieron someter una propuesta por $283,764 para construir o reconstruir 15 hogares y la compra de enseres. Están a punto de completar el trabajo, aunque todavía están lidiando con el sistema eléctrico de uno de los hogares. 

Vanessa añadió que también han distribuido una compra básica de alimentos una vez al mes, ayuda que habrá de continuar hasta noviembre. 

Villas del Sol en Toa Baja se compone de aproximadamente 60 familias, 150 personas, que por años han luchado por formalizar su comunidad para tener un hogar estable. Viven en un sector que no tiene acceso a servicios públicos de agua y energía eléctrica, pero cuenta con un sentido arraigado de comunidad donde abunda la ayuda mutua. La tierra, que le fue permutada cuando le concedieron un terreno en el cual no se podía construir, pertenece a una cooperativa de residentes. Muchos de los hogares en la comunidad sufrieron daños severos y, dado la naturaleza de la comunidad, no han recibido ayuda de FEMA. 

Al encontrarse sin alternativas de ayuda, Waldemiro Vélez, un líder comunitario de Sol es Vida, le solicitó fondos a Unidos por Puerto Rico para reconstruir cinco hogares y el centro comunitario para Villas del Sol. Recibieron $99,999.95 de Unidos por Puerto Rico y buscaron otra organización, Mentes Puertorriqueñas en Acción, que contara con una certificación de 501 (c)3 para que les sirviera como agente fiscal para administrar los fondos. 

El director ejecutivo de Mentes Puertorriqueñas en Acción, Alejandro Silva Díaz, señaló que la organización que dirige comenzó como una organización sin fines de lucro dedicada a servir como agente catalítico para lograr cambios sociales y desarrollar el potencial de estudiantes universitarios a través de programas de pasantías, la devastación causada por el huracán María sirvió para que decidieran hacer más. 

Alejandro explicó que los voluntarios de Mentes habían visitado varias comunidades para ayudar con el recogido de escombros. Una vez conocieron a Waldemiro les impresionó la determinación de la comunidad de persistir a pesar las dificultades que enfrentaban. También les conmovió la solidaridad que presenciaron. Desde entonces han trabajado de cerca con ellos y supervisado el desembolso de los fondos. 

A pesar de que ha transcurrido un año del huracán, todavía hay algunos sectores de Orocovis que continúan padeciendo de la falta de servicio eléctrico o están sujetos a apagones frecuentes que además limitan el suplido de agua. Y es ahí donde los directivos del Centro María Mazzarelo Alespi, Inc, una entidad católica sin fines de lucro dedicada a la educación de niños y jóvenes de escuelas privadas y públicas, se dieron cuenta que tenían que ampliar su misión para ayudar a los sus vecinos y así evitar una migración masiva del pueblo.  Si la ayuda en Puerto Rico se movía lenta, la situación era mucho peor en los pueblos de la montaña, del este y sudeste de la isla, incluyendo en las islas Vieques y Culebra.

Sor María Ofelia Pérez, directora del Centro, indicó que se movieron rápidamente para crear un lugar seguro para que los niños y jóvenes pudieran aprender y distraerse con actividades dos semanas y media después del paso del huracán. También pudieron improvisar un sistema para comunicarse y proveerle materiales educativos, planes de clase, y bienes a un sector que quedó aislado del Centro y del pueblo.  Una de las maestras del Centro vive en el barrio y pudo atender a los niños de la comunidad afectada. El objetivo era evitar que los niños que no podían salir de la comunidad se atrasaran en su proceso educativo.

Convencidos de que, si no atendían la necesidad de vivienda de la comunidad, se exponían a perder a permanentemente a las familias, acudieron a Unidos por Puerto Rico y solicitaron $787,625 para reconstruir 11 hogares. Sin idea de cómo lograr el objetivo, Sor María Ofelia contó que tuvo la buena fortuna de conocer al ingeniero Héctor Ortiz, quien como amante del deporte había acudido al Centro para organizar juegos de baloncestos para que sus hijos y otros durante los meses que tuvieron pocas alternativas de entretenimiento. 

Como no hay forma de decirle que no a Sor María Ofelia, el ingeniero delineó los planos para las viviendas.  “Esta es la experiencia más gratificante que he tenido en mi vida”, dijo Héctor del proceso de ayudar a reconstruir las casas. Dado el alza marcada en los precios de materiales de construcción, están teniendo mucho cuidado en el manejo del presupuesto.  De todo continuar como proyectado, deben completar las viviendas para fin de año.

Para más información sobre estas organizaciones, por favor acceda: www.mentespequeñas.org; www.solesvida.org; Centro María Mazzarello Alespi ; y Centro de Orientación y Acción Social

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