Sanar a través de cuentos

Cuando el huracán María destruyó la posibilidad de celebrar el Festival de la Palabra, un encuentro de autores hispanos con eventos para el público y las escuelas, Mayra Santos-Febres, la fundadora del festival y una autora en sus méritos, se sintió desconsolada ante la eventualidad de no poder celebrarlo temprano en octubre.

Se habían esfumado meses de trabajo. Sin embargo, una nueva posibilidad surgió poco después del huracán.   “Fui a Kasalta (una reconocida repostería en San Juan) en búsqueda de señal para mi teléfono, cuando se me acercó una mujer que me preguntó si era Mayra Santos-Febres, la escritora.  Se presentó como Lidia, originalmente de la República Dominicana y que trabajaba limpiando casas. Me dejó saber que leía uno de mis libros y que la estaba ayudando a sobrevivir el periodo después del huracán”.

Ese encuentro la ayudó a darse cuenta de que había una necesitad entre la población. A la vez, estaba recibiendo llamadas de personal de las escuelas que hubiesen participado en los eventos del Festival. A pesar de que se habían suspendido las clases– ya que las escuelas públicas servían de refugio para miles de familias, esta población estaba necesitada de algún tipo de actividad que les ayudara a manejar el sentido de pérdida y la ansiedad que sentían producto de la devastación que causó María.

Mayra llamó a los miembros del equipo del Festival para que se activaran visitando refugios y comunidades junto a ella. En cuestión de días, pudo recolectar 4,000 libros, libros de pintar y otros materiales.” ¡Qué locura!  ¿Por qué estás corriendo con libros en el medio de todo este trauma y devastación?”, recuerda que algunos le preguntaron. Pero estaba segura del propósito de Salón Literario Libroamérica Puerto Rico, la organización que dirige, que además de celebrar el Festival busca promover la diversificación lectora. “La gente necesita contar, necesitan compañía”, contestaba. Recuerda que le preocupaba las noticias de suicidios después del huracán.

Además de distribuir suministros y libros, su grupo organizó talleres en los cuales los participantes tenían un espacio para compartir sus historias. En una de esas sesiones, una joven confesó que había sido agredida sexualmente y nunca se lo había contado a nadie.  En otra sesión, una niña compartió sus temores sobre su futuro.  Le preocupaba que no pudiera terminar el año escolar.  En la medida que la gente empezó a compartir sus temores y ansiedades, se unieron.

“Todo trataba sobre reinterpretar el trauma.  El arte nos ayuda a sanar”, dijo la entusiasta autora.

Una cosa dio pie a otra y recuerda que un grupo de mujeres en Salinas querían cocinar para la comunidad en un fogón, pero necesitaban alimentos.  Mayra consiguió una pequeña donación de una autora reconocida de Puerto Rico que vive en los Estados Unidos continentales. Entonces el grupo solicitó mosquiteros y otro grupo de mujeres comenzó a elaborarlos y a distribuirlos.  En sus visitas, también se encontró con otros grupos que prestaban ayuda, entre ellos una organización sin fines de lucro internacional de médicos que atendían en la comunidad. Vincularon esfuerzos para asegurar que la ayuda llegara a las comunidades más necesitadas.

La necesidad continuaba mientras sus fondos se agotaban y fue ahí que sometió una propuesta a Unidos por Puerto Rico, que había sido creada para apoyar los esfuerzos de alivio y recuperación de las organizaciones sin fines de lucro en asistir a las poblaciones más vulnerables.  Los fondos fueron concedidos en enero, justo a tiempo para darle continuidad al trabajo del equipo.  Para abril, ya habían celebrado talleres para 9,368 personas que sentían la necesidad de compartir sus historias.

“La neurociencia indica que la lectura y escritura ayudan a crear conexiones saludables en nuestros cerebros que llevan a la salud emocional, una necesidad básica tras el trauma experimentado por tantas personas entre nuestra población debido a los efectos de María”, dijo Mariely Rivera, directora ejecutiva de Unidos por Puerto Rico.

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