El cuido de las personas con discapacidad grave durante y después de un desastre

Como parte de la preparación para el segundo huracán en un mes, el personal designado del Instituto Psicopedagógico había planificado quedarse 12 horas cuidando a 88 residentes con necesidades especiales mientras el huracán María atravesaba a Puerto Rico. Terminaron quedándose 72 horas para alimentar y cuidar a los residentes.

“Fue un acto de amor”, dijo Milagros Vargas, directora ejecutiva de una de las organizaciones privadas que atiende una de las poblaciones más vulnerables en Puerto Rico, las personas con discapacidad intelectual. El personal se quedó a pesar de no tener comunicación con sus familiares o conocimiento de cómo se habían afectado sus hogares en lo que ha sido uno de los huracanes con mayor fuerza destructiva en la historia del Caribe.  Ocho de cada 10 residentes tienen discapacidad grave o profunda y necesitan asistencia para llevar a cabo sus funciones básicas del diario vivir, como alimentarse o asearse.

A las 4 de la madrugada del 20 de septiembre, pocas horas antes de que el huracán entrara a la isla, Milagros se percató que la fuerza de la tormenta los mantendría secuestrados por horas. Con el rugir de los vientos, y antes de que el huracán tocara tierra, Milagros y su equipo tendrían que preparar los alimentos y distribuir los medicamentos aproximadamente dos horas antes de la llegada del huracán. Resultaría muy peligroso salir más tarde en el día.  Así que corrieron entre las estructuras en el expansivo predio, donde hay 11 edificios en seis cuerdas, y lograron distribuir los alimentos antes de que sintiera el máximo poderío de la tormenta.

Milagros pensaba que estaban preparados. Tenían dos generadores, cisternas de agua con 13,000 galones, suficiente para tres días y alimentos y medicamentos para dos semanas. En sus 69 años de historia del Instituto, consideraba que habían pasado por todo.  Sin embargo, el huracán María sacudió su sentido de preparación, en particular porque sabía que son responsables por el cuidado de una población muy vulnerable.

Tan pronto pasó el huracán, llegaron los voluntarios. De la nada, 100 voluntarios de la iglesia mormona   se enteraron de sus necesidades y llegaron el sábado después de la tormenta para recoger los escombros. Mientras tanto la franquicia de Church’s Chicken, se aseguraba que contaran con diésel para el generador, comida y agua embotellada. Aun así, el huracán María expuso su fragilidad, aunque cabe señalar que la seguridad y el bienestar sus residentes no se vio afectado, y el servicio que reciben tampoco fue interrumpido.

La búsqueda de ayuda

Como custodios de uno de los grupos de mayor necesidad en Puerto Rico, Milagros se movió rápidamente a buscar formas en las cuales pudiera fortalecer el nivel de preparación para el próximo desastre. Después de todo, el Instituto alberga 90 personas en su sede y cuenta con tres hogares en los cuales viven otros 18 residentes.

Mientras tanto, Unidos por Puerto Rico se creó para ofrecer asistencia para el desastre en las fases de alivio y recuperación tras el paso de los huracanes Irma y María.  Milagros acudió a la Fundación y para su alivio, Mariely Rivera, la recién contratada directora ejecutiva de Unidos por Puerto Rico, trabajó de cerca con ella en la elaboración de una solicitud de fondos que pudiera apoyar la resiliencia del Instituto.

Milagros explicó la que los $500,000 en fondos que finalmente fueron aprobados están destinados a cuatro áreas: seguridad, apoyo emocional para el equipo, control de infecciones y necesidades básicas. Con los fondos, el Instituto está bien encaminado a fortalecer su capacidad para enfrentar desastres.

Y continúa planificando cómo expandir los programas disponibles para uno de los grupos más olvidados entre nosotros. Para más información visite:  www.facebook.com/InstitutoPsicopedagogicoPR/ y www.unidosporpuertorico.com. 

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