Dando paso a la pesca sostenible y a vivir de la pesca

Por 23 años, Carlos Velázquez ha vivido de la pesca, mayormente de pescar langosta y carrucho en la costa este de Puerto Rico. El huracán María cambió su forma de vida y la de 26 miembros de la Villa Pesquera de Naguabo, uno de los productores de mayor volumen en una industria pequeña que ha sido amenazada durante años por la falta de recursos.

Velázquez, quien preside la Vlla Pesquera y es el único representante de Puerto Rico que es pescador comercial artesanal en el Caribbean Fishery Management Council, una entidad federal, recuerda que cuando se supo de la proximidad del huracán María, los pescadores se prepararon para la tormenta como siempre habían hecho. “Salimos y recogimos las nasas y resguardamos el equipo de buceo en los “lockers” y nos fuimos a nuestras casas a esperar el paso de la tormenta”.

“Wow. María nos cogió a todos en una sobre confianza. No estábamos preparados para lo que nos dio”, dijo. A Velázquez le tomó tres días llegar a Naguabo y a la Villa Pesquera por los obstáculos en la carretera, las inundaciones y las lluvias torrenciales que continuaron días después de salir el huracán. El informe final del huracán María indica que hubo un máximo de lluvia de 38 pulgadas, lo cual causó derrumbes e inundaciones extensas.

Cuando llegó a la Villa Pesquera, sus peores presentimientos se convirtieron en realidad, el mar había azotado los “lockers” y se había llevado todo el equipo almacenado allí.   “La marejada debió haber sido de 20 a 30 pies de altura para causar ese tipo de daño.  De dos barcos pesqueros pequeños que comparten los pescadores solo quedó uno. 

De inmediato buscaron formas de regresar al mar, solicitaban a otros pescadores que les prestaran su equipo.  Fue entonces cuando Raimundo Espinoza, biólogo y director de Conservación ConCiencia, una organización sin fines de lucro que se dedica a la investigación ambiental y que promueve la conservación y desarrollo sustentable, llegó a ellos. Espinoza había estado colaborando por algún tiempo con los pescadores de Naguabo y otros alrededor de Puerto Rico en la investigación sobre la pesca y otros proyectos de conservación.

El biólogo fue uno de los primeros que llegó con suministros, alimentos y agua para ayudar a los pescadores. Espinoza recuerda que tan pronto se dio cuenta que su verdadera necesidad era reponer el equipo de buceo, inició una campaña para recoger fondos en internet. Sin embargo, no recaudó mucho; las necesidades en Puerto Rico en ese momento eran abrumadoras. Cuando Espinoza vio que la producción de la Villa Pesquera para octubre, noviembre y diciembre mostraba pérdidas de $200,000 tomó la determinación de buscar ayuda. Velázquez también estaba preocupado, en desespero seis miembros de la Villa Pesquera se habían ido de Puerto Rico. A pesar de no ser la Villa Pesquera más grande, Naguabo es reconocido por su volumen de pesca. Cuando está en plena producción suple el área de Naguabo más restaurantes tan distantes como aquellos localizados en Arecibo, en la costa norte.

En ese momento fue que Espinoza, cuya organización en Puerto Rico está auspiciada fiscalmente por The Ocean Foundation, decidió solicitar fondos de Unidos por Puerto Rico, entidad que se creó para ayudar a las víctimas de los huracanes Irma y María al canalizar los fondos a través de organizaciones sin fines de lucro experimentadas. 

“Inmediatamente vimos los beneficios de proveerles los medios para ganarse el sustento una vez que recibimos la propuesta”, dijo Aurelio Alemán, presidente de la junta de directores de Unidos por Puerto Rico.

Unidos por Puerto Rico le otorgó la primera propuesta de $31,662.11 a el Ocean Foundation para comprar el equipo de buceo de 20 pescadores. El 21 de marzo, a unos días antes de Semana Santa, cuando es tradicional que los puertorriqueños coman pescado y mariscos, celebraron la entrega del equipo en una ceremonia con los pescadores y Raimundo Espinoza en representación del Ocean Foundation y Conservación ConCiencia. A cambio del equipo, los pescadores firmaron acuerdos en los cuales indican que practicarán la pesca sustentable, mantendrán al día sus licencias y colaborarán con Conservación ConCiencia en la investigación del mar y las prácticas de pesca.

“Tradicionalmente los pescadores y los biólogos no se ven el uno al otro en la mejor luz, sin embargo, nuestro trabajo está cambiando esa relación”, dijo Espinoza, quien señaló que ambas partes se pueden beneficiar de la colaboración.

Espinoza solicitó fondos adicionales de Unidos por Puerto Rico y han sido concedidos. Una segunda propuesta le otorgó $188,096 para ayudar a otras villas pesqueras alrededor de Puerto Rico.

Además de permitirle a 20 pescadores recuperar la forma de lograr su sustento, Mariely Rivera, directora ejecutiva de Unidos por Puerto Rico indicó que los fondos otorgados han permitido eslabonar la actividad económica en Naguabo. Con el regreso de los pescadores al mar, los populares restaurantes y chinchorros que sirven mariscos y pescado en el área regresaron a la vida con pesca fresca, justo a tiempo para el volumen de comensales de Semana Santa, dando así un paso más en ayudar una región hacia su recuperación.

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